La opinión de los expertos (II).                                          Lesiones raquimedulares (I).                                            Por Dr. Eduardo Hevia Sierra.

El Dr. Eduardo Hevia Sierra es especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, especializado desde hace más de 30 años exclusivamente en Columna Vertebral.

Ha sido miembro del Servicio de Cirugía de la Columna Vertebral del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, de la Unidad de Columna del Hospital La Zarzuela de Madrid, Jefe del Servicio de COT del Hospital Ibermutuamur de Murcia y, durante los últimos 20 años, Jefe de la Unidad de Columna Vertebral del Hospital La Fraternidad de Madrid hasta su decisión de dedicarse a la práctica privada.

Fue quien atendió al torero Emilio de Justo tras su grave percance en Madrid.

«El matador de toros Emilio de Justo sufrió el 10 de Abril (Domingo de Resurrección) un grave traumatismo cervical en una encerrona en la Plaza de Las Ventas con seis toros de diversas ganaderías

Al entrar a matar al primero de la tarde (de Pallarés), una espeluznante voltereta le provocó un traumatismo cervical que le impidió continuar la lidia. Su cuadrilla recogió la oreja concedida y el sobresaliente Álvaro de la Calle tuvo que hacerse cargo de la lidia de los cinco toros restantes. Atendido en la Enfermería, se diagnosticó de traumatismo cervical sin lesión neurológica y se trasladó al Hospital de referencia, el Hospital La Fraternidad, donde se estudia con RX, TAC y RM. En RX no se objetivan desplazamientos ni luxaciones. El TAC de columna cervical demuestra fractura estallido de masa lateral izquierda de atlas (C1) y fractura estallido de masa lateral derecha de Axis (C2), sin desplazamientos apreciables. Se realiza también Resonancia Magnética urgente sin que se aprecie afectación medular ni lesiones ocupantes de canal, con lesión ligamentosa atlantoodontoidea.

Las primeras vértebras cervicales (C1 o atlas y C2 o axis) tienen una anatomía y funcionalidad especial. Su misión es básicamente el soporte del cráneo y la realización de los movimientos de rotación de la cabeza, y eso explica las peculiaridades anatómicas de la zona occipito-cervical.

Centrándonos en la lesión, lo primero que hay que considerar es que para una fractura vertebral es necesario un mecanismo de alta energía, con gran violencia, lo que demuestra, una vez más, la importancia de considerar la cogida como un politraumatismo. El mecanismo concreto de la lesión es de caída en neutro sobre la cabeza, impactando el cráneo contra la primera vértebra cervical (C1 o atlas), fracturándola con una fractura tipo estallido de su masa lateral izquierda, continuando la trasmisión del impacto hacia la segunda vértebra cervical (C2 o axis) y que sufrió también una fractura estallido de una masa lateral, en este caso derecha. El mecanismo de producción es muy típico de estas lesiones. Al ser impacto directo con el cuello en posición neutra (es decir, sin flexión y extensión) se produce una fractura directa, sin desplazamiento del cuello y sin afectación de la médula, evitando una lesión neurológica que, a un nivel tan cercano al cráneo, sería incompatible con la vida. El desplazamiento de los fragmentos se produce por fuerzas de cizallamiento, de flexión y extensión, que mueven los fragmentos de las fracturas hacia adelante y hacia atárás (es decir, en sentido antero-posterior), comprimiendo entonces la médula y ocasionando las terribles lesiones neurológicas que pueden acompañar a las lesiones fracturas vertebrales.

Curiosamente, el diestro Emilio de Justo siguió caminando (gracias a no haber tenido desplazamientos no hubo lesión neurológica) pero entonces las fuerzas de la cabeza son muy verticales y sin inercia suficiente. Cuando corrió más peligro fue mientras era llevado en volandas por su cuadrilla, pues una caída de la cabeza hacia atrás sí que podría haber desplazado las fracturas (aprovecho para destacar que el traslado de un herido por el ruedo mientras hay un toro sigue siendo un problema sin resolver, aunque en este caso concreto el toro ya tenía la espada clavada).

El diestro Emilio de Justo caminando por su propio pie tras el traumatismo y llevado por su cuadrilla a la enfermería, afortunadamente con el cuello y la cabeza muy verticales.

Las fracturas estallido vertebrales son fracturas en múltiples fragmentos, pero, si no se desplazan, éstos quedan próximos unos a otros, y el pronóstico de consolidación es muy bueno, ya que fácilmente pueden englobarse en un callo de consolidación que termina formando un hueso “de novo” con la unión de todos los fragmentos. El pronóstico es bueno aunque eso sí, requiere de un prolongado tiempo de inmovilización estricta y de un periodo posterior de rehabilitación no menos prolongado para la recuperación de la movilidad y de la fuerza de la zona lesionada. El tratamiento es, por tanto de inmovilización con una ortesis amplia y potente (Un SOMI o inmovilización suboccipito-mentoniana) durante dos meses, un mes más con collarín de Filadelfia y, si tras un control con TAC se demuestra una suficiente consolidación de las fracturas, retirar la inmovilización y comenzar el periodo de rehabilitación y fisioterapia que durará un mínimo de mes y medio o dos meses.

Se trata, como hemos estado diciendo, de una lesión muy grave que llevará entre cinco y seis meses de recuperación. Hasta el momento la evolución está siendo muy favorable y los controles radiológicos van objetivando una buena consolidación de las fracturas, por lo que es probable que el plazo de recuperación se aproxime a los cinco meses».

El texto y las imágenes han sido reproducidos íntegramente de la información proporcionada por el Dr. Hevia.

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