– Según su capacidad de multiplicación celular (proliferación) y de que asocien o no alteraciones celulares (atipias), estas lesiones reciben este nombre porque pueden aumentar (en menor o mayor cuantía) el riesgo del cáncer de mama.

– En esta categoría se encuadran lesiones como la hiperplasia leve, moderada o florida, el papiloma intraductal, la adenosis esclerosante y la hiperplasia atípica.

– Suele tratarse de lesiones no palpables y a menudo, no sintomáticas (salvo el caso del papiloma intraductal, que puede cursar con telorragia o secreción sanguinolenta por el pezón). Por tanto, su diagnóstico suele establecerse mediante pruebas de imagen (fundamentalmente, mamografía y ecografía) seguidas de una biopsia.

– En función de cada caso concreto, el especialista le indicará cual es la actitud más adecuada, puesto que algunas de estas lesiones sólo precisan seguimiento periódico, clínico y mediante imagen. En aquellos casos de mayor riesgo de degeneración cancerosa, será recomendable la extirpación quirúrgica. En muchos casos, esta cirugía puede realizarse en régimen de cirugía mayor ambulatoria o cirugía sin ingreso hospitalario (tras la intervención, recuperación de la misma y comprobar que no hay complicaciones inmediatas será dada de alta sin tener que pernoctar en el hospital) (ver criterios de cirugía mayor ambulatoria en el aparatado 8). Como suele tratarse de lesiones no palpables e incluso indistinguibles del tejido mamario sano al ojo desnudo, previo a la intervención suele necesitarse que, bajo anestesia local, el radiólogo coloque una guía metálica que indique al cirujano la zona a extirpar. Las lesiones extirpadas serán enviadas al laboratorio de anatomía patológica para su examen.